Él observaba este ritual como si todo fuera en cámara lenta, revisando de prisa todos los archivos de tu mente para encontrar las palabras adecuadas para ese momento de ciega y falsa calma. Intuía lo que venía pero algo dentro de él le impedía aceptarlo.
Justo en el momento en que ella levantó la cabeza y su rostro pareció emerger entre la selva/cabellera, justo en ese momento en el que pensó haber encontrado la frase ganadora... ella posó sus ojos sobre él.
Silencio absoluto.
Aquellos no podían ser unos ojos normales, se sentían como dos lanzas traspasándole el cráneo al mismo tiempo que clausuraban para siempre su boca. Mientras tanto, la boca de ella se había torcido un poco en una sonrisa que encendía aún más la furia de su mirada y sus labios dejaban escapar poco a poco el humo del tabaco.
Su mente le jugaba chueco: le hacía creer que, si tragaba saliva, lograría decir al menos una palabra. Esa mente revolucionada lo instigaba a tratar de hablar a pesar de todo, a emitir sonido antes de que ella dijera algo.
Pocos logran entender el poder del silencio.
Un chasquido y las fosas nasales levemente abiertas bastaron para azorarlo un poco más. Él pasmado, ella quitándose el fleco de la cara; el tratando de hablar, ella a punto de hacerlo callar.
¡Perdón! ¡Al menos murmura una disculpa! ¡Di algo, pronto! Y ella, como leyendo sus pensamientos, lanza otra mirada mientras da una jalada más al cigarro y luego se pierde observando el humo escaparse por la ventana. Suspira profundo, él cree inocentemente que esa es una señal de tregua. No podría estar más equivocado.
- No.
Ahora es su cerebro el que se queda frío, sabe que ella pronunció una palabra pero es tan fuerte, tan corta, tan contundente; que le cuesta procesarla e intenta reproducir de nuevo lentamente ese instante.
Los ojos ya no están posados sobre él, después de aquel monosílabo ella se concentró en las volutas de humo, en el tabaco incandescente, en los dedos que sostienen aquel cigarro que casi llega a su fin.
El silencio se ha impuesto incluso dentro de su mente. El fuego alcanza el filtro, el cigarro muere aplastado bajo la suela de su zapato. Ella desaparece dando pasos largos, él sigue en silencio.
6 Bocas:
Déjà Vu...
Uf.
Entre que se hace un relato bello y se vuelve un hielazo.
Apalusos, srita.
Como siempre, es un gustazo leerla.
tanto tanto ruido, silencioso ruido.
@Puntito Feo
Ahora me tendrás que explicar de dónde vino el Déjà Vu.
Abrazos.
@Vakero
Sin palabras ¡Muchas gracias por esos aplausos!
@Jacobo
Gracias por leerme y por Sabina (=
Y a mí que me gusta tanto el silencio. Pero más me gusta gritar con los ojos.
@La Cordero
Gritar con los ojos es un arte que muy poca gente domina y es realmente satisfactorio.
Besos miss
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