No señor,
jamás supe su nombre.
¿Cómo iba a saberlo?
Si tan sólo estuvimos juntos
en aquella noche de otoño.
Yo caminaba sola
como siempre suelo hacerlo,
él caminaba solo
por obra de la casualidad.
Y así se encontraron nuestros pasos
en aquel parque desierto,
entre hojas secas
y pájaros silbando.
Era esa hora del día
en que las facciones se desdibujan
y los nombres se olvidan.
De la misma forma
en que se encontraron
nuestros pasos,
se fueron encontrando
de a poco
nuestros cuerpos.
Primero fue mi mano
en busca de la suya,
después su brazo
encontró muelle
en los puertos de mi cintura.
Encontraron nuestros pasos
un cuarto
y nuestras bocas
refugio.
Supe de su tacto,
de esas manos frías
que con paciencia
recorrieron mi geografía.
Supe de su aliento
y de cómo su respiración
halló ritmo con la mía,
de esa cicatriz escondida como tesoro,
de las pecas como galaxia;
incluso supe por accidente
que al tocar aquel punto
podía convertirlo en torrente.
Pero, no señor,
jamás supe su nombre.
(no recuerdo hace cuánto que escribí este poema y tampoco sé porqué no lo había posteado acá, pero bueno... es uno de mis favoritos y aquí está, finalmente)
1 Bocas:
de esos escritos que mientras los vas leyendo te acercas más y más al límite de tu asiento y terminas al borde...y te mantienes a flote, por quién sabe cuanto tiempo (pensativo...)
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